Mística y Bioética

Un encuentro necesario para el respeto y promoción de la Vida Humana

Fray Duberney Rodas Grajales, O.P.




“El don de la vida,

que Dios Creador y Padre ha confiado al hombre,

exige que éste tome conciencia de su inestimable valor

y lo acoja responsablemente” [1]

 

En algún momento de nuestra vida todos habremos tenido la oportunidad de hacernos preguntas fundamentales por la calidad de vida, la responsabilidad social, lo in-humano del actuar del hombre, la forma de alcanzar mejores posibilidades de vida y el futuro de la misma, entre muchas otras preguntas que surgen en el diario vivir, cuando nos detenemos a observar qué pasa a nuestro alrededor y en nuestro interior. Sin embargo, no siempre actuamos en correspondencia a los sentimientos que suscita en nosotros la realidad circundante.

 

En muchas ocasiones nos podemos ver sumidos por las ofertas presentes en algunos medios de comunicación, que en última instancia nos llevan a actuar incoherentemente con respecto a nuestra formación religiosa, ética y social. Así nos lo recuerda el Documento de Aparecida: “La cultura actual tiende a proponer estilos de ser y de vivir contrarios a la naturaleza y dignidad del ser humano. El impacto dominante de los ídolos del poder, la riqueza y el placer efímero se han transformado, por encima del valor de la persona, en la norma máxima de funcionamiento y el criterio decisivo en la organización social. " [1]

 

La mala comprensión o burla a la dignidad humana, está presente en todos los ámbitos de la sociedad,  fácilmente nos podemos encontrar con concepciones y actitudes sociales e individuales, que revelan el desprecio de la vida humana y que se presentan a nuestros ojos con un leguaje equivoco, que conduce a poner en práctica las acciones más inhumanas, tras el velo de estar promoviendo “un derecho fundamental”. Es así como surge la necesidad del planteamiento de una “nueva” ciencia que se ocupe de regular las intervenciones del hombre que afectan o ponen en riesgo la Vida humana. Florece la Bioética, como disciplina, que dentro de sus funciones tiene la de ayudar al hombre a buscar respuestas y dar soluciones a problemas que tengan que ver con la vida, vista en forma integral y no sólo desde lo biológico, plantea una buena opción para entender el proceso de humanización y comprometernos con él; ya que defiende el concepto de dignidad de la persona humana, y busca la participación de todos en relaciones de carácter horizontal y no vertical [2]

 

Sin embargo, la bioética secular no puede dar respuesta a las preguntas fundamentales del ser humano: ¿por qué existo? ¿qué puedo esperar más allá de la muerte? ¿soy libre? ¿existe Dios?. Las bioéticas estructuradas a partir del relato simbólico y cósmico dan respuesta a estas preguntas invocando determinados mitos que son creídos y asumidos por el conjunto de la comunidad religiosa. La bioética cristiana se funda en la experiencia de un Dios personal y trascendente. La bioética no es una bioética filosófica, sino que se inserta en la tradición teológica. En este sentido, tiene una dimensión trascendente, una misión a favor de la vida y en defensa de la dignidad de la persona.[3]

 

La fe cristiana añade luz sobre los problemas morales y la experiencia de la gracia capacita para llegar mucho más lejos que abandonados a nuestras propias fuerzas racionales y emocionales en el respeto a la dignidad humana y a la promoción de su calidad de vida. Cuando se pone un velo a la revelación, que el Autor de la vida nos ofrece, fácilmente podemos acceder y participar en consultas que quieren definir en qué condiciones se puede considerar a alguien humano, o a qué derechos pueden acceder; “no somos seres humanos porque los demás nos consideren como tales, sino porque tenemos la condición humana por naturaleza” [4] el respeto y promoción que la vida humana exige, viene porque ella, es el punto de encuentro entre Dios y el hombre, en ella Dios se nos da como don y tarea, en ella se manifiesta el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre, es así como Mateo nos presenta el juicio final, bajo el criterio de la atención prestada a toda persona necesitada. [5]

 

Desde la perspectiva teológica, la calidad de la vida humana viene dada por el hecho de que el hombre y la mujer son imagen de Dios. La vida es recibida como don divino y tarea a realizar según los planes de Dios. Uno de los principales aportes de la Iglesia Católica a la bioética es una visión integral del hombre, que surge de las fuentes bíblicas y de su magisterio, fundamental como nunca antes en una época de valores humanos vulnerados. Es el drama del hombre amputado en una dimensión esencial de su ser: lo absoluto de ese mismo ser, una dimensión antropológica fundamental con la que Dios lo creó a su imagen y semejanza. De aquí que para conocer al hombre verdadero, al hombre integral, hay que conocer primero a Dios. [6]

 

Para conocer a Dios, no hay duda que el camino superior es la mística, y por ello podemos decir claramente que en la contemplación de Dios, la bioética gana un horizonte de sentido que debe asumir para alcanzar su objetivo. La experiencia mística nos remite a la misericordia entrañable de Jesús, interesado en su actuación, tanto por el cuerpo como por el alma de los seres humanos; en él se transparenta la entrañable compasión infinita del Padre y, en su amor a los hombres hasta el extremo, el amor infinito que Dios nos tiene. [7]

 

La experiencia mística lleva a los profesionales de la salud, a los enfermos, familiares y a cada persona que tiene la experiencia, a encontrarse y tratar la vida como El Don Sagrado que se respeta y promueve, en todas las etapas de su existencia. [8] En nuestra tradición dominicana decimos “Contemplar y dar a los demás el fruto de lo contemplado”. Aplicado a lo que venimos trabajando, sería decir que si queremos asumir una postura bioética que realmente beneficie al ser humano, tenemos que llegar a conocerlo y la forma más adecuada nos lleva directamente al encuentro con la huella divina que transforma toda mirada y toda opción, que en nuestra reflexión y acción bioética, el Dios de la vida transforme nuestra mirada para encontrarlo a Él en cada creatura, especialmente en la persona que se encuentra sin voz y desprotegida.  [9].

 

Mística y Bioética, describe un encuentro fundamental, para que los avances de la ciencia no deshumanicen al hombre, sino que bajo la orientación del conocimiento místico, se descubra el verdadero valor de cada persona, y así mismo, espontáneamente, surja la opción o mejor la vocación al servicio de la Vida, tan necesaria en un ambiente individualista y en donde cada vez más se muestra el dominio del más fuerte.

 

 

 

[1] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, 13 al 31 de Mayo del 2007 n. 387

 

[2] LLANO Escobar, Alfonso. “Bioética y Educación para el siglo XXI”. (2006) Bogotá: PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

 

[3] ALZATE RAMIREZ, Luis Hernando y OSORIO, Bayron. “Mística y Bioética” .Universidad Pontificia Bolivariana, 2010, 138 p

 

[4] BLAZQUEZ, Niceto OP. “Bioética: La nueva ciencia de la vida” Madrid, BAC. 2000. 482p.

 

[5] Mateo 25,31-46

 

[6] Escritos de Bioética N° 3, 2009 BIOÉTICA: AL ENCUENTRO DE UNA CONCIENCIA Bioética para farmacéuticos, bioquímicos y médicos - Mario Sapag – Hagar - Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo Universidad de Chile Centro Interdisciplinario de Estudios en Bioética Tradición católica y bioética

 

[7] ALZATE… en “Mística y Bioética” Habiendo los hombres pedido con insistencia a Dios: “¡Muéstranos tu rostro!”, el rostro de Dios vuelto hacia los hombres exige de quien lo busca con sinceridad, como condición indispensable para encontrarlo, dirigir la mirada hacia los hermanos como aquellos en quienes se refleja de la forma más perfecta. En el campo de la bioética, bien tendríamos que hablar de la misma posibilidad: contemplar en el rostro del ser humano abatido por la enfermedad, el rostro de Dios que reclama atención, acogida, bondad, misericordia.

 

[8] BLAZQUEZ en “Bioética y Biotanasia” La vida de todo ser humano ha de ser respetada de modo absoluto desde el momento mismo de la concepción, porque el hombre es la única criatura en la tierra que Dios ha “querido por sí misma”, y el alma espiritual de cada hombre es “inmediatamente creada” por Dios; todo su ser lleva grabada la imagen del Creador

 

[9] ALZATE… en “Mística y Bioética” Contemplar en el otro el rostro de Cristo debería llevarnos a un respeto sumo por todo aquello que sea vida, a no atentar contra la vida de nadie, a procurar el bien de todos los seres humanos y a obrar con justicia y rectitud

 

 

 

[1] BLAZQUEZ, Niceto OP. “Bioética y Biotanasia” Madrid, Visión Libros. 2010. 476p

  • Google Clean
  • Twitter Clean
  • Facebook Clean