Enseñanza de la Bioética:

Para una actitud responsable ante la vida

Fray Duberney Rodas Grajales, O.P.

“La Bioética es una disciplina

que a través de una interacción comunicativa

proyecta la responsabilidad del ser humano ante la vida”

Nahyr Remolina de Cleves[1]

 

En el contexto actual de la educación, sobre todo en el de las propuestas impregnadas de humanismo, se  cuida en formar no sólo excelentes profesionales, sino también en que estos tengan la oportunidad de acceder a una formación integral que responda a su ser persona, lo cual involucra una opción clara en favor de la dignidad humana y su promoción. Y es aquí precisamente en donde podemos encontrar que la Bioética, por su misma interdisciplinariedad, resulta una atrayente propuesta para cumplir con este objetivo de la educación, ya que con el diálogo interdisciplinario compromete con el futuro de la naturaleza humana al médico, al jurista, al experto en temas ambientales, al economista, al teólogo, al político… facilitando la defensa y promoción de la vida.[2].

 

Si consideramos al hombre como un ser integral, de carácter bio-psico-social, podemos justificar el por qué la Bioética no sólo está llamada a responder por problemas que involucren únicamente la primera parte (biológica), sino que también participa de forma activa en el entendimiento del hombre en cuanto a su aspecto psico-social. La Bioética responde a la necesidad del hombre de contestarse preguntas acerca de su relación con el mundo y los otros, y en la búsqueda de alternativas para mejorar las condiciones de vida.

 

La falta de herramientas que nos propicien los espacios para debatir y opinar, para llegar a cuestionamientos sobre el valor de la vida y su dignidad, lleva al desconocimiento de la realidad, de lo que pasa alrededor. Cada vez más podemos ver el aumento en el deseo de ser buenos profesionales, de llegar a ser productivos, pero no de promover y formarnos en humanidad. [3]

 

Es así como se plantea el momento de apostarle a una nueva enseñanza, que permita rescatar el valor de la vida humana. “Para que el hombre logre la calidad de vida es necesario que la educación contribuya a formar el carácter individual, que lleve a los individuos a adoptar ante la vida un estado de ánimo determinado: a tener la moral alta, no estar desmoralizado ante los retos de la vida […] la educación tiene que contribuir a reconocer que la autonomía de cada hombre, debe ser universalmente respetada, exigir que se tengan en cuenta sus peculiaridades, y la forma de hacerlo será a través de diálogos en los que cada quien exprese tales peculiaridades, desde la unidad que supone saberse al menos mínimamente entendido y máximamente respetado. Es importante que la educación estimule la dimensión comunitaria […] una educación integral debe tener en cuenta la dimensión comunitaria de la persona, su proyecto personal, competencia comunicativa y también su capacidad de universalización, para actuar de forma articulada con lo que pensamos, partiendo de aceptarnos a nosotros mismos, de preguntarnos por el mundo y de, en realidad hacer viva la democracia, permitiéndonos tener otro modo de vivir y convivir”. [4]

 

La Bioética por su esencial compromiso con la vida, y su inter y transdisciplinariedad, se va posesionando como la ciencia que podría hacer entrar a la humanidad en razón, y por ello, su enseñanza tiene que ir ganando cada día más espacios en las propuestas educativas, si queremos aprovechar la educación como un medio para enseñar a todas las generaciones a amar la vida y a promover su dignidad.[5] Una tarea nada fácil que exige un proceso real de transformación, en maestros y estudiantes, lo cual implica que se preste atención no sólo al currículo formal, sino también a todo aquello que está a su rededor y que garantiza su efectividad.[6]

 

Para el maestro todo cambia, cuando se trata de transmitir mucho más que conocimientos, y que formar en la técnica y en el saber hacer. Y ya que el maestro de bioética debe ayudar a que el estudiante se forme o mejor asuma una actitud ante la vida, que le permita la confrontación con sus más profundos valores, que lo lleve al encuentro de lo más sagrado de la vida misma, se ve ante la complejidad de qué metodología utilizar para lograr su cometido. Para ello puede servirnos la experiencia de Santo Tomás, quien al querer expresar su vocación de maestro de la verdad dice: “La verdad no me pertenece; no soy más que su servidor, poseído por ella” [7] Así mismo el maestro de Bioética, se encuentra ante un gran reto, pues deberá no sólo exigirse una permanente actualización, debido a la interdisciplinariedad de su quehacer, sino principalmente en ser un enamorado, y poseído de la vida.

 

Francisco Javier León Correa, propone algunos retos a la enseñanza de la bioética, que podríamos tomar para orientar la actitud docente en este campo:[8]

 

  1. Cuidar que los alumnos superen algunas actitudes negativas:

a) Mentalidad cientificista, en donde las reglas válidas sólo proceden de la ciencia.

b) La valoración de los intereses económicos, que a veces pueden sobreponerse al sentido del ejercicio de una profesión.

c) La pasividad a la formación académica.

 

  1. Promover las actitudes imprescindibles en todo diálogo bioético: respeto al otro, tolerancia, fidelidad a los propios valores, escucha atenta, actitud interna de humildad; reconocimiento de que nadie puede atribuirse el derecho a monopolizar la verdad y que todos debemos hacer un esfuerzo para ser receptivos.

 

  1. Transmitir y formar en valores es el reto más importante para un educador de bioética. Se necesita una acción indirecta, de modo que sea el propio alumno quien vaya descubriendo esos valores.

 

En cuanto a la transformación de los estudiantes, sólo se podrá constatar en el momento en que asuman su papel dentro de la sociedad, en el momento en que en el ejercicio y aplicación de la política, la religión y las leyes sociales, muestren con sus actitudes una opción clara al servicio de la vida. Es por ello de vital importancia que quienes tenemos la oportunidad de dejar una huella en la transformación social, por medio de la educación, nos preocupemos de impregnar nuestros planteamientos, de aquellos principios básicos que orientan la Bioética, para garantizar una vida digna.

 

La Bioética, en la educación, se constituye en una voz significativa para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social. Ayuda a diseñar escenarios para dar relevancia al respeto por la vida, la dignidad de las personas, hacer explícitos nuestros valores profundos, al dar a conocer nuestros criterios del mundo, provocar la imaginación para ayudar a disminuir la pobreza, el desempleo, la erosión familiar. Es un aporte para que encontremos nuestro lugar en el proyecto de construcción de la vida futura de la humanidad y de todos los seres vivientes en la Tierra, teniendo en cuenta que hoy la ciencia y la tecnología nos plantean posibilidades nunca antes pensadas, pero también problemas que requieren formas de pensar igualmente novedosas.

 

A medida que el hombre accede a la educación, va creciendo también la conciencia de nuestra nota característica de ser racional, y allí, la bioética nos plantea el reto de la responsabilidad, la vida misma se nos presenta como don y como tarea, la vida es para nosotros una pregunta y una respuesta. Llegar a ser lo que realmente somos, es un proceso esperanzador, que necesita de todo nuestro empeño. De la misma manera que al crecer vamos obteniendo autonomía en el actuar, así mismo se espera que ese crecimiento se manifieste en la conciencia interrogativa y reflexiva.[9]

 

Esta conciencia en la persona se forma a través de la educación, la cual enfrenta el reto de enseñar y ayudar en la forja de la humanidad, no prefabricando esquemas, sino asistiendo a la búsqueda que cada uno emprende, ayudando para que las personas vivan en libertad responsable, para ello necesita cultivar el respeto mutuo, la capacidad de argumentación, la posibilidad de llevar a cabo acuerdos para proyectar juntos, y esto se fundamenta en la autonomía personal, abierta a la responsabilidad, porque solamente mediante el cultivo del sentido de la responsabilidad, se puede exigir justicia y proporcionar solidaridad. La Bioética podría ser una disciplina que permita este enfoque educativo, ya que muestra una nueva cara de la ética y trabaja el tema de la interdisciplinariedad, dando la oportunidad de aprender a replantearnos los problemas del hombre, en un diálogo constante entre diferentes disciplinas, para lograr un consenso aplicable a nuestra vida.

 

Un proyecto que involucre la Bioética como medio para educar en valores, pretende crear un espacio en el que el maestro aprenda a adoptar una posición abierta e investigativa en cuanto a: su propio quehacer, la orientación de su cátedra y su participación activa en la solución de problemas sociales. Tenemos al frente la oportunidad de crear un espacio de reflexión más cercano a la concepción del hombre como ser integral.

 

 

 

[1] Licenciada en ciencias de la Educación-Biología y Especialista en Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

[2] “La Bioética, como disciplina, dentro de sus funciones tiene la de ayudar al hombre a buscar respuestas y dar soluciones a problemas que tengan que ver con la vida, vista en forma integral y no sólo desde lo biológico, plantea una buena opción para entender el proceso de humanización y comprometernos con él; ya que defiende el concepto de dignidad de la persona humana, y busca la participación de todos en relaciones de carácter horizontal y no vertical”. Martha Edith Oyuela. “Bioética y Educación para el siglo XXI”. (2006) Bogotá: PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

 

[3] “La cultura actual tiende a proponer estilos de ser y de vivir contrarios a la naturaleza y dignidad del ser humano. El impacto dominante de los ídolos del poder, la riqueza y el placer efímero se han transformado, por encima del valor de la persona, en la norma máxima de funcionamiento y el criterio decisivo en la organización social. "V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, 13 al 31 de Mayo del 2007 n. 387

 

[4] LLANO Escobar, Alfonso. “Bioética y Educación para el siglo XXI”. (2006) Bogotá: PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

 

[5] LLANO (2006) “Para contribuir a que la educación pueda cumplir a cabalidad con su función de formadora de las personas que respeten y promuevan la calidad de vida y la dignidad humana, se debe incorporar la Bioética a los currículos, y por ende a los Proyectos Educativos Institucionales, ya que ésta tiene por objeto la vida y como pilares, la defensa de la dignidad y demás valores, y se anima por un talante social, abierto y dialogante al servicio del interés general, manifestándose en conductas cotidianas de todos los actos o protagonistas cuyas actividades convergen como efectores o receptores en el plano ético del hecho científico-técnico y social”.

 

[6] “Curriculum oculto”: Cambio del estudiante por lo testimonial. “Curriculum informal”: Actitudes transmitidas por las situaciones e interacciones de los estudiantes entre sí.  Guillermo Zuleta. Notas curso de Bioética UPB.

 

[7] PEÑA, Salinas O.P. “Tomás de Aquino, Maestro de Humanidad” Testimonium Veritatis 8. 2002. Bucaramanga. USTA

 

[8] LEON correa, Francisco Javier. “Enseñar Bioética: cómo transmitir conocimientos, actitudes y valores” Revista Acta Bioethica, Año XIV, No. 1, 2008.

 

[9] SEDANO González, José de J. O.P. “Pedagogía de la respuesta”. (2002) Bucaramanga: USTA. Colección Testimonium Veritatis, No.7

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