Dignidad humana: una experiencia mística

Fray Duberney Rodas Grajales, O.P.

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“La dignidad humana es la excelencia de todo ser humano

más allá de toda medida y de todo precio

por razón de su condición como criatura de Dios” [1]

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Desde la perspectiva teológica, la persona, en su propio ser y en su propia dignidad, reclama un respeto incondicional, independiente de toda libre valoración y finalidad. Esta dignidad personal recibe respecto a su carácter absoluto una cualidad todavía más elevada por el hecho de que el hombre está llamado a asociarse de inmediato con  Dios, que es, sencillamente, el Absoluto y el Infinito, el ser humano tiene una dignidad que le viene dada por el hecho de ser creado a imagen y semejanza de Dios, por el hecho de establecer con Él una alianza de amor y de amistad y de orientarse existencialmente hacia Dios. Desde la teología y a la luz de la Biblia, la creación del hombre y de la mujer a imagen de Dios (Gn 1,27) les otorga una dignidad indiscutible, corroborada por el hecho de que el Creador reivindique para sí el tutelar su vida (Gn 4,9-15; 9,5) proclame una relación personal con cada uno (Is 43,1) y lo haya amado hasta hacerse él mismo hombre en la persona del Hijo y dar su vida por él (Ga 2,20).

 

Para responder a lo que podemos entender por dignidad, Francesc Torralba, nos muestra la visión de Karl Rahner quien dice que la dignidad esencial del hombre consiste en que dentro de una comunidad diferenciada, dentro de una historia espaciotemporal, este hombre, conociéndose espiritualmente y orientándose libremente hacia la inmediata comunidad personal con el Dios infinito, puede y debe abrirse al amor, que es comunicación de Dios en Jesucristo. El hombre está llamado a vivir conforme a esta dignidad, a hacerse mediante sus obras más digno y próximo a Dios.

 

Con frecuencia el discurso teológico se encuentra con dificultades de aculturación y de comprensión en el seno de una sociedad que olvida la metafísica y no cree en los postulados cristianos y ello se debe, en parte, a la incapacidad de algunos enfoques teológicos para expresar su mensaje en un lenguaje significativamente moderno, pero de ahí no se puede llegar rápidamente a la conclusión de que no pueda aportar, más allá del estricto ámbito de la comunidad religiosa, una idea de dignidad, válida y oportuna para el mundo contemporáneo[2].  Un camino que podemos tomar, es el que nos señala Panikkar al describir el lugar de la mística: “la mística interpela las últimas cuestiones de que es capaz el espíritu humano, la vida mística, representa precisamente el culmen de la vida del hombre, este ser dotado de consciencia, tanto de sí mismo como de la realidad, por muy imperfecta que esta consciencia pueda ser y la consciencia no puede prescindir del intelecto”[3]

 

Una nueva ciencia ha surgido con este fin, la bioética. Dentro de sus funciones tiene la de ayudar al hombre a buscar respuestas a los problemas que tengan que ver con la vida, vista en forma integral y no sólo desde lo biológico. Plantea una buena opción para entender el proceso de humanización y comprometernos con él; ya que defiende el concepto de dignidad de la persona humana, y busca la participación de todos en relaciones de carácter horizontal y no vertical.

 

Lo cual nos lleva necesariamente a buscar en la realidad, en la experiencia, lo esencial que nos puede ayudar a establecer el fin de nuestro vivir cotidiano y a propender por las verdaderas características de una vida digna, y ésta no se puede alcanzar sin pasar por el encuentro místico de la realidad del hombre, en donde el lenguaje y el símbolo se funden, para que ello ocurra, según Panikkar, es absolutamente necesario tener una experiencia plena de la vida, aquella vida que, como dicen los Veda, no muere, que es infinita, que algunos llamarían divina[4]

 

Cuando estamos obligados, por las circunstancias, a asumir posturas ante la vida resulta de vital importancia, el contacto que hemos tenido con nuestra propia vida, y para ello es preciso el aporte que nos hace Panikkar en torno a la experiencia de la vida, la cual, dice, es la expresión del misterio, es la consciencia de que se está experimentando algo que no se puede pensar, sólo vivir. La experiencia de la Vida no es sólo la sensación fisiológica de un cuerpo vivo; tampoco es exclusivamente la euforia del conocimiento tocando la realidad, ni el efluvio del amor participando en el dinamismo que mueve el mundo. La experiencia de la Vida es la conjunción más o menos armónica de las todas las formas de conocer[5]. Con ello Panikkar, nos regala una luz más para acercarnos al aporte que el trabajo conjunto de los saberes puede hacer a la Bioética.

 

Asumir la vida desde la anterior perspectiva, nos lleva a la convicción de que sólo la experiencia mística nos puede ayudar a transformar la vida humana. No se puede conocer sin amor, es este el sentido de conocimiento en la Biblia, que nos remite a la condición humana y la mística como experiencia de la vida nos hace conscientes de las distinciones pertinentes sin fragmentar al ser humano, lo cual resulta fundamental en el momento de la promoción y cuidado de la dignidad humana. Aparece así la función capital de la experiencia: modifica nuestras vidas.[6]

 

El valor más precioso de la naturaleza es la vida de cada persona humana. Basta un pequeño esfuerzo de reflexión para percatarnos de que toda actividad humana tiene sentido en cuanto es, de algún modo, expresión de la vida. En este sentido podremos encontrar un perfecto equilibrio al establecer nuestras relaciones y posturas ante la vida. La máxima del amor mutuo, ha de ser la que dirija nuestras acciones, resulta contundente la interpretación de Panikkar “Amar al prójimo como a sí mismo no es quererlo como a otro mismo, sino como formando parte de uno mismo: amarle como a un tú que no es otro” [7]

 

La experiencia plena de la vida, encontrada en la mística, nos permite simplemente vivir, gozar plenamente de la vida, es el encuentro fundamental que en el lenguaje del silencio y del símbolo, manifiesta la grandeza del ser humano. Quizá la siguiente invitación puede dar origen a nuestra fundamental tarea, como seres humanos, de cuidar y promover la vida: “Despierta, hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza… nuestra dignidad o excelencia como personas humanas radica en irrumpir en la existencia como “imágenes de Dios” [8]

 

 

[1] BLAZQUEZ, Niceto OP. “Bioética y Biotanasia” Madrid, Visión Libros. 2010. p. 467

 

[2] TORRALBA, Roselló Francesc. “¿Qué es la Dignidad Humana?. Ensayo sobre Peter Singer, Hugo Tristam Engelhardt y John Harris. Barcelona, ed. Herder. 2005. 263p.

 

[3] PANIKKAR, p. 39

 

[4] PANIKKAR, Raimon. De la mística: experiencia plena de la vida, Barcelona, Herder 2005.  P.24

 

[5] PANIKKAR, Raimon. De la mística: experiencia plena de la vida. P.26

 

[6] PANIKKAR, Raimon. De la mística: experiencia plena de la vida. P.160

 

[7] PANIKKAR, Raimon. De la mística: experiencia plena de la vida, Barcelona, Herder 2005.  P.107

 

[8] BLAZQUEZ, Niceto OP. “Filosofía de la vida” Madrid. Visión Libros 2011. 267p.

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