Quinto Domingo del Tiempo Ordinario

Isaías 58, 7-10; Salmo 112; 1 Corintios 2, 1-5; Mateo 5, 13-16

Asumiendo nuestra misión

Fray Duberney Rodas Grajales, O.P.

 

La sal y la luz no son presentadas en la enseñanza de Jesús por el valor que tienen en sí mismas, (Preservar e iluminar) sino en referencia al lugar en donde se ponen “la tierra y el mundo” de esta manera revela a quienes le escuchan una actitud misionera. Quién recibe sus palabras y las entiende, desea participar de lo que esta le ofrece y por eso la asume. Recordando el contexto de las bienaventuranzas, podremos entender que todo lo que el Señor ha pronunciado en el sermón del monte quiere que se convierta en una manera de vivir. Si se quiere se puede ver que la sal y la luz tienen una propiedad común, revelan. Así que podemos entender una misión específica que Dios encomienda, las personas no nos necesitan para vivir, pero podemos ayudarles al ser testigos de la manera de vivir en el proyecto querido por el Padre, proclamando con nuestra manera de estar en el mundo que “El Reino de Dios” está en medio de nosotros.

 

Esta semana la Iglesia celebra la jornada mundial del enfermo, y esta es una oportunidad maravillosa para tener estos gestos que nos reclama el Evangelio, “Vengan a mí benditos de mi Padre, porque estuve enfermo y vinieron a verme”. Sabemos que la enfermedad asumida en la propia vida o en el acompañamiento requerido por nuestros seres queridos o aquellos que están a nuestro lado, son oportunidad para manifestar al mundo, el mensaje sencillo del amor de Dios que se nos ha transmitido en la elocuente predicación de Cristo, que se nos muestra en una cruz revelando el don y el perdón de Dios. Un gesto sencillo de acogida, de misericordia nos permitirá transmitir la fe en el Hijo de Dios.

 

Son muchas las ocasiones en las que nos preguntamos ¿qué quiere Dios? O ¿De qué manera podemos vivir para agradarle? En este contexto el profeta Isaías, no presenta un fuerte mensaje que indica algunas vías para agradar a Dios, más allá de los rituales, y que nos ayudan a asumir el testimonio evangélico que se nos pide en esta celebración: 1) Tener gestos de liberación, los gestos de compartir propuestos por Isaías, manifiestan el actuar constante de Dios mismo, y así al ser imagen de Dios, estamos llamados a identificarnos con ellos 2) La gloria de Dios se manifiesta, es mucho más que una recompensa, cuando el menesteroso reconoce la presencia del cristiano, el Reino de Dios se hace presente 3) Todo acto de justicia, de liberación, de compartir, es un paso hacia el reino de Dios, que es anunciado en el AT como reino de justicia y de amor.

 

Continuemos nuestra eucaristía, haciéndonos consientes de los compromisos que adquirimos al profesar nuestra fe, en el Dios Trino, que nos ha llamado a la vida para que actuando acordes a nuestra condición “imagen y semejanza”, entremos en la dinámica de la alianza, en las acciones cotidianas. María nos acompañe y guíe para acoger la Palabra proclamada y servirla con generosidad.

  • Google Clean
  • Twitter Clean
  • Facebook Clean