Cuarto Domingo de Adviento

Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Romanos 1, 1-7; Mateo 1, 18-24

Abre tus ojos para contemplar el misterio

Confiar – Proclamar - Obedecer

Fray Duberney Rodas Grajales, O.P.

 

Llegamos al cuarto domingo de Adviento y con ello finalizamos nuestra secuencia homilética de Adviento. En este momento debemos estar preparados para que al abrir nuestros ojos podamos contemplar el misterio que se nos da en la Navidad. Es el misterio de nuestra Salvación, de la encarnación del Hijo de Dios, motivo de nuestra alegría, como lo manifestábamos en el Domingo Gaudete, que implica acoger a los mensajeros de Dios y sus mensajes que orientan nuestro caminar para no perdernos de la meta.

 

Dejándonos guiar por las lecturas bíblicas que hoy acompañan nuestra celebración reflexionemos sobre tres verbos que estimulan la vivencia de nuestra fe y que están patentes en nuestra liturgia: Confiar, proclamar y obedecer.

 

Confiar, es una experiencia primordial para asumir los retos que la vida nos presenta, la confianza moderada por la verdad, permite llegar a lugar inimaginables, nos abre a experiencias esenciales en la vida. la primera lectura, nos presenta así a un rey, Ajaz, que preocupado por la eminente destrucción de su reino busca alianzas estratégicas que le permitan conservar su reinado, a pesar de la advertencia del profeta “si no cree no subsistirá”, compromete su reino con Asiria a quien después debe pagar tributo, a su rey y a sus dioses, se le anuncia la iniciativa de Dios que le da una señal, revelando el cumplimiento de su promesa de salvación, e invitándonos a poner nuestra confianza sólo en Dios, su palabra y fidelidad subsisten por siempre, y en un momento en que el linaje de David se ve amenazado con desaparecer, renueva la esperanza. Esta experiencia la viven muchas familias que con una fe inquebrantable vuelven a levantarse de las tragedias que llegan a su vida.

 

Vivir en la Confianza, nos lleva a proclamar la Buena Nueva de la Salvación, el Dios con nosotros, nos invita a extender la esperanza de que el Dios de la vida que ha tomado su morada entre nosotros, ofrece en Jesucristo la Salvación para todos los pueblos. Hay muchas maneras de predicar esta Buena Nueva, una particular, es la que tuvimos este viernes, de una manera silenciosa, en el contexto de un festival navideño, recordamos a los asistentes, que es el Milagro de Belén el que le da sentido a la navidad. Nuestra carroza de la Parada, lleva un mensaje contundente, el Niño es ofrecido al mundo entero y estamos alegres de acogerlo.

 

Todo esto tiene para nosotros un mensaje fuerte, presente en el relato Evangélico. José acoge el mensaje del Ángel con la misma disponibilidad de María, no pregunta, no pronuncia ninguna palabra, pero nos muestra el fruto de un silencio contemplativo. Este es la obediencia. Ha comprendido en las palabras del enviado de Dios, su propia misión, “Tú le pondrás por nombre Jesús”, no es sólo un ritual si no la aceptación de un propósito y a partir de allí es el custodio de la Virgen Madre, de su Hijo y de toda la Iglesia.

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