Segundo Domingo de Cuaresma

Génesis 12, 1-4 a; Salmo 32; 2 Timoteo 1, 8-10; Mateo 17,1-9

Elegidos para servir

Fray Duberney Rodas Grajales, O.P.

 

El camino de Cuaresma que hemos emprendido tiene un propósito; caminamos a través del desierto para acercarnos con la mirada del discípulo al Monte de nuestra Salvación. Es así como les invito a contemplar en la Palabra de Dios, el itinerario de salvación que Dios nos ofrece por medio de su Palabra.

 

Como discípulos de Cristo, entendemos la llamada de Dios, no para una autocomplacencia sino para un servicio testimonial que inicia en nuestras propias realidades. Así escucho nuestro padre en la fe, la invitación a salir de la tierra de los Caldeos para dirigirse a un lugar que no conocía, un hombre anciano toma a su mujer y su círculo familiar más próximo y se dispone a caminar hacia donde Dios le indica, poniendo en Él toda su confianza y así se hace depositario de la bendición para todos los pueblos: “por ti se bendecirán todas las naciones de la tierra”. Más allá del beneficio personal de poder engendrar en su vejez y recibir la promesa de una descendencia incontable, está la misión de permitir la bendición para todos los pueblos. Cómo discípulos elegidos para servir, debemos preguntarnos si en nuestros diálogos con Dios descubrimos la manera en que por la vivencia de nuestra fe podemos facilitar que otros reciban la bendición que Él ofrece.

 

En búsqueda de vivir mejor nuestro discipulado, hemos iniciado el tiempo cuaresmal con un signo en la frente, acompañado de la expresión “conviértete y cree en el Evangelio”, hoy Pablo le recuerda a Timoteo el valor del Evangelio que predican: “Soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios”. Esta es un oportunidad para entender “Evangelio” en su contexto de Buena Nueva, que se traduce para el cristiano en la presencia actual del Reino de los Cielos implantado por Jesús de Nazaret. Evangelio como buena noticia, se utilizaba para designar el nacimiento de un emperador o su visita en el reino. Por ello cada vez que estamos atentos a su proclamación encontramos caminos para clarificar nuestro destino y obtenemos la fuerza necesaria para seguir caminando hacia el Reino eterno.

 

Como los tres discípulos que acompañan a Jesús al monte, somos también llamados en comunidad a vivir la experiencia del encuentro del Tabor, lugar de la Transfiguración del Señor. Y aquí como discípulos, estamos llamados a entender el gran misterio. Jesús acaba de hacer el primer anuncio de su Pasión y los discípulos que no entienden son invitados a un encuentro sorprendente, en diálogo que reúne la ley y la profecía, fundamentos de la fe del A.T. asisten al momento luminoso en donde tiene sentido el mensaje del N.T. Jesús en su humanidad, permite ser visto en la majestad de su Gloria. Así recuerda a todo discípulo que nuestra humanidad debe dirigirse siempre a la montaña de la Revelación para que así los otros vean el resplandor del Padre. Ese monte para los católicos es la Eucaristía, en donde confluyen la tierra y el cielo, para fortalecer a quien le recibe con devoción.

 

En compañía de María, sigamos nuestro camino cuaresmal, con la disposición de quién sabiendo conservar el misterio en su corazón, se apresta a servirlo en los retos cotidianos de la vida. Ella sabía quién era su Hijo, su procedencia y supo contemplarlo para sobrepasar las pruebas que enfrentó. Presentemos con esa confianza las ofrendas en el altar, para que sea el esplendor de la fe quien se disponga a recibir la bendición que nuestro Dios nos tiene para este día.

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