Primer Domingo de Cuaresma

Génesis 2, 7-9. 3, 1-7; Salmo 50; Romanos 5, 12-19; Mateo 4,1-11

Tentados en nuestro desierto

Fray Duberney Rodas Grajales, O.P.

 

El inicio de la Cuaresma, es un momento especial para celebrar la vida en Dios. Es tiempo propicio para la conversión, lo cual requiere una disponibilidad esencial; dejarse moldear por el Espíritu y en el espíritu. Acerquémonos a la Palabra que nos ofrece la liturgia de este día, para que así presentemos al Padre nuestra verdadera Adoración.

 

El relato de las tentaciones que hoy se nos presenta, hace un énfasis especial en la unión que con el bautismo de Jesús: “Después de su bautismo, Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu de Dios, para ser tentado”. Mateo nos recuerda en toda la escena del Bautismo, que Jesús es el Salvador, el Hijo amado del Padre, a quien él ha elegido y viene al mundo para librarlo del pecado. Este hecho hace más que recordar la revelación esencial: Jesús es el Salvador. Y por tanto es el Mesías, el Salvador, el Servidor, quien va a enfrentar al tentador.

 

Hay gran cantidad de detalles en la escena presentada hoy, sin embargo me parece conveniente resaltar dos hechos: el primero la libertad que tiene el Hijo de Dios y la oferta del tentador. En cuanto a la libertad de Jesús, vemos que esta frente suyo hay decisión, debe decidir, al igual que sucedió con el pueblo de la alianza a través del desierto, ante quién postrarse. Evidentemente en su consciencia de Hijo, no cae ante las tentaciones y vive en espíritu y verdad su vocación. El que es la Palabra encarnada, que se describe como la Verdad, vence al príncipe de la mentira, con la fuerza de la integridad de la Palabra. Si bien el tentador le citaba las Escrituras parcialmente, Jesús encontraba en el sentido más profundo de la misma Palabra, la fuerza para adorar al Padre.

 

En cuanto al tipo de oferta, es interesante ver como el tentador le ofrece a Jesús un intercambio, adoración por regalos. No es este el motivo de la adoración del Padre. La adoración verdadera, sólo surge en el corazón del Hijo por su misma relación de amor y el amor sólo  es expresión espontánea de la gratuidad. Esta situación hace que el resultado sea fecundo, pues la Adoración debida a Dios, en Espíritu y Verdad, permite reconocer la verdadera imagen. Jesús rechaza al Tentador, diciendo, piensas como Adán, y resalta allí, la tristeza producto de caer en sus ardides.

 

Iniciemos pues este tiempo cuaresmal con la confianza de que si imitamos el ejemplo de Jesucristo, pidiéndole al Espíritu que nos acompañe en el discernimiento del amor del Padre, para que en el reconocimiento de nuestra dignidad humana, y dignidad de bautizados, podamos vencer al tentador con la fuerza de la disponibilidad de Espíritu. María quién pisó aplastó la cabeza del tentador, nos ayude a prepararnos para la Pascua.

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