Santa María Madre de Dios

Números 6, 22-27; Salmo 66; Gálatas 4, 4-7; Lucas 2, 16-21

Abre tus ojos y visita a tu Madre

Fray Duberney Rodas Grajales, O.P.

 

En el primer día del año, celebramos esta Eucaristía, reconociendo a María como la Theotokos, la Madre de Dios, como ha sido venerada ya desde los primeros años de la Iglesia, y confirmada en el 431 en el Concilio de Efeso. Hoy nos proponemos pedirle a Dios que abra nuestros ojos para visitar a nuestra Madre. Visitar a la Madre, es un poco retornar a nuestro origen, a la fuente de nuestra historia en el mundo y por ello surge en el corazón una relación con el pasado y una perspectiva del futuro, lo cual es acompañado con este sentimiento de estar en el primer día del año civil.

 

En este día encontramos muchas notas, que nos permiten vivir, de la mano de nuestra Madre, la apertura a la bendición que Dios nos ofrece.

 

María, nuestra Madre, nos enseña una actitud de apertura a la bendición de Dios. El texto litúrgico del libro de los números, resalta la bendición de Dios, y ante todo nos pone en una relación especial que involucra toda nuestra vida “buscar el rostro de Dios”. María nos ha enseñado, lo que significa estar constantemente buscando este rostro y el resultado de esta acción, una vida dispuesta a cumplir la voluntad del Padre, que lo acoge en sus brazos, tanto en el pesebre como en el Gólgota, en la theotokos hoy reconocemos también a la Piedad, y en esta actitud generosa y definitiva, la vemos hoy rodeada de la gloria de Dios, contemplándole cara a cara e invitándonos a estar con él.

 

La segunda lectura, nos recuerda que esta Madre, es la puerta de entrada de nuestra salvación, “nacido de mujer”. Lo cual nos recuerde este gran intercambio, Dios asume nuestra carne y asciende con ella a la casa del Padre. La mujer, tiene un don especial, Dios le permite custodiar la vida en el seno materno, todos hemos pasado por esta primera muestra de amor. Aquel que toma nuestra carne de una mujer, nos impele hoy ante la violencia que tantas mujeres viven, bien por el maltrato que experimentan o porque impulsadas al desprecio de la vida, levantan la mano contra la bendición de sus vientres. Estamos llamados a revisar nuestra actitud frente a la mujer.

 

El signo que nos presenta el Evangelio, muestra a los pastores, en su sencillez y en la carga social que soportan al ser identificados como malandrines, son encargados de interpretar un mensaje de parte de Dios, son destinados para reconocer al príncipe de la paz. Este es un momento especial para contemplar en la escena, lo que se nos pide en este día: esperar en la paz que Dios nos ofrece, para que podamos experimentarla. Tal vez esto es lo que hace María, no sólo en el pesebre si no en muchos momentos consignados en la Biblia, “meditaba todo en su corazón” y por ello recibe y puede dar paz, así la proclamamos “Reina de la Paz”.

 

Continuemos nuestra Eucaristía pidiéndole a Dios, que al visitar hoy a su Madre, que es también nuestra Madre y la Madre de toda la Iglesia, podamos disponernos en la escucha y la disposición para vivir la fraternidad a la cual nos invita y poder así esperar en la bendición que hoy recibimos del altar que nos une.

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